- Y que le dice, 'no', le dice, 'mejor véngase a la casa', le dice. Y pues que se va.
- ¿Y luego?
- Pues que llegan a la casa, oiga. Y que él la empieza a toquetear, oiga, ya sabe, así como que no quiere la cosa, pero como que sí quiere y como que uno que se hace así de la boca chiquita, oiga.
- ¿Y luego?
- Pues que ella nomás no se hizo del rogar, oiga, y que se pone flojita y cooperando. Y ya pa' qué le cuento, oiga.
- Híjoles.
- Sí, oiga. Y que le digo, 'mira', le digo, 'tú siempre con tus cosas, oyes', le digo. Y es que no hace caso, oiga. Se pone así, como fiera, cuando uno le dice las cosas y nomás no se puede, oiga. No se puede.
- No, pues no.
- -Y es que lo que pasa es que ella está necia con él, oiga. Si ya sabe que es casado y que lo que es su esposa se las huele, y pues no está bien, oiga. Yo ya le dije que no está bien, pero ella nomás no me hace caso.
- ¿Y qué hará?
- Ella no sé. Yo, tampoco.
- ¿Entonces?
- Pues ya le dije, 'oye', le dije, 'ya con tu domingo siete a ver como le haces, comadrita', le dije. Pero ahí seguirá, duro y dale, duro y dale con él.
- Ah, caray.
- Ni modos. Pos ni modos que aplique eso, lo que viene siendo el amarrárselo como pueda, oiga. Porque el hombre ni va a querer, la va a mandar a volar segurito, oiga.
- Como todos.
- Pues sí. ¿Cómo ve, oiga?
- No, pues'ta mal.
- Pues a ver qué.
- Pues sí.
- Bueno, pues ahí nos vemos.
19 junio 2007
06 junio 2007
Robo exprés
Las manos al teclado. Esto es un asalto literario. Entrégueme todas las palabras que tenga. Ahí de usté si se queda con alguna, porque no lo cuenta. Y no oponga resistencia. ¿Qué no ve que está acorralada? Sí, todas estas viejas aquí son las musas que no la dejarán en paz hasta que suelte todo. Y de aquí no se va hasta que lo haga. Tengo aquí un montón de hojas en blanco. ¿A poco no la aterran? Y se las puedo aventar una a una o todas juntas, depende de cómo se porte. Así que, flojita y cooperando. Afloje cada letra, déjela salir. Total, que si nomás no quiere, pues ya está de usté. Que se le atoran las palabras, que se le agolpan en el pecho, que se le juntan en los dedos. ¿Qué no escuchó la historia del escritor que un día no pudo escribir más y se ahogó en sus palabras? ¿Y aquella otra donde la narradora fue asesinada por los personajes que no quiso escribir? N'hombre... y esas son suavecitas. Me conozco otras peores. No es que yo sea malo o que la quiera espantar. Verdá de Dios que no, pero pues más le vale que me las entregue todas, todititas, y ya verá lo que es bueno. ¡No, no! ¡No se ponga morada! Mejor escúpalas, échelas aquí que hay bastante espacio. ¿Que no? Mi reina, mejor coopere o me la trueno. Mejor por las buenas y luego se va, por el mismo camino por el que llegó. Oiga, oiga. Chale. Se le atoró una dobleu que no supo acomodar. Ni pedo. Musas, tráiganse otra.
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