06 junio 2007

Robo exprés

Las manos al teclado. Esto es un asalto literario. Entrégueme todas las palabras que tenga. Ahí de usté si se queda con alguna, porque no lo cuenta. Y no oponga resistencia. ¿Qué no ve que está acorralada? Sí, todas estas viejas aquí son las musas que no la dejarán en paz hasta que suelte todo. Y de aquí no se va hasta que lo haga. Tengo aquí un montón de hojas en blanco. ¿A poco no la aterran? Y se las puedo aventar una a una o todas juntas, depende de cómo se porte. Así que, flojita y cooperando. Afloje cada letra, déjela salir. Total, que si nomás no quiere, pues ya está de usté. Que se le atoran las palabras, que se le agolpan en el pecho, que se le juntan en los dedos. ¿Qué no escuchó la historia del escritor que un día no pudo escribir más y se ahogó en sus palabras? ¿Y aquella otra donde la narradora fue asesinada por los personajes que no quiso escribir? N'hombre... y esas son suavecitas. Me conozco otras peores. No es que yo sea malo o que la quiera espantar. Verdá de Dios que no, pero pues más le vale que me las entregue todas, todititas, y ya verá lo que es bueno. ¡No, no! ¡No se ponga morada! Mejor escúpalas, échelas aquí que hay bastante espacio. ¿Que no? Mi reina, mejor coopere o me la trueno. Mejor por las buenas y luego se va, por el mismo camino por el que llegó. Oiga, oiga. Chale. Se le atoró una dobleu que no supo acomodar. Ni pedo. Musas, tráiganse otra.

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