Ahora, despierta la mujer que en mí dormía
y poco a poco se muere la niña,
empieza la aventura de la vida.
"Quinceañera", Timbiriche.
Chale. Qué oso. Bien le había advertido a mi madre que no quería una fiesta de estas ("ay, mi reina, pero si todas tus amiguitas te van a envidiar, además te verás chu-lí-si-ma"), que no iba a bailar el vals con los changoleones, ejem, digo, chambelanes, y que cero adornitos cursis y ridículos como los que pusieron en el salón de fiestas. Ojalá que haya más tráfico de aquí al banquete, porque la neta me da mucha pena entrar con este vestido como de muñeca de pastel, con holanes rosas y florecitas en la falda. Además me pican las pantimedias, los tacones están súper altos y ya siento que el corsé no me deja respirar. Seguramente ahí estarán Cinthia, Perla y Ana Luisa, con sus respectivos novios, y ojalá que haya llegado el bombón de Carlos. Nomás lo invité para verlo todo lindo, así en su traje y con el cabello peinado. Ay, pero que oso que me vea así, con este vestido de pseudoprincesa que ni siquiera estuve al 100 por ciento de acuerdo en ponerme. Oh no, hasta me sudan las manos... Ni modo, tendré que fingir toda la noche la sonrisa de felicidad por tener a tanta gente reunida y bla bla bla... Ay, creo que ya llegamos. Respira, respira. Nadie debe notar que estás nerviosa. ¿Nerviosa yo? Bueno, sí un poco, porque es demasiado complicado caminar con un vestido de este tamañote y con unos zapatotes como estos. Ahí voy. ¡Oh, Dios! ¿Por qué no se abre la tierra en este momento y regreso el lunes ya que haya pasado el ridículo? Sonríe, sonríe, como si no pasara nada y fueras una princesa de verdad. --Y ahora, démosle un aplauso enorme a la quinceañera. ¡Tania!Sí, sí, recuerda a las modelos que has visto en la tele. Mirando al frente, sonrisa de oreja a oreja, segura de tí misma, bajando la escalera. Un pie, luego el otro, cuidado con que el tacón no se atore ni en la alfombra ni en el vestido. Muy bien. Ya estamos abajo. ¿Y ahora? Ah, sí. Ahí está mi mamá señalando hacia la mesa de gala, donde están sentados los seis chambelanes: dos primos, un vecino y tres compañeros de la escuela. Sonríe, sigue caminando. Chale, todos los invitados están de pie y aplaudiendo. Qué raro es todo esto... --Ay, amiguis. Muchas felicidades. Te ves súper linda. Mira, te presento a Marco. Oye, te traje este regalito. O sea, no es mucho, ¿verdad?, pero pues es para que sepas que aquí estuve, ¿oki? Bueno, ahorita nos vemos. ¿No vienes? Vamos a bailar. Cinthia, como siempre presumiendo a su wey. Sí, la neta es carita. Y ella no se ve mal. Creo que hasta se ve menos gorda que en la escuela. ¿Pero por qué la invité, si ni siquiera es de mis mejores amigas? Además clarito sentí el veneno cuando dijo "te ves súper linda". Sí, claro, seguramente... Pero, ¿y Carlos? No lo veo por ningún lado. --¡Ah, por cierto!-- Cinthia la venenosa de nuevo-- Vi esta tarde a Carlos, y me dijo que tal vez no podría venir porque, ya sabes, tenía muchas cosas que hacer. ¿Muchas cosas qué hacer? ¿Pero qué le pasa? Si le avisé de la fiesta desde hace más de un mes y ya me había confirmado. Cerdo. Ni modo, ojalá que no sea cierto esto que dice Cinthia. --Les pedimos un aplauso porque la señorita quinceañera bailará el vals. Pedimos la presencia de su abuelo, el señor Arnulfo López y de la quinceañera en la pista. ¡Música, maestro!Oh, por Dios. Ni modo, al mal paso darle prisa. Ah, mi abuelito. Por lo menos él si sabe bailar esto, porque ya quiero ver a los nacos de los chambelanes dándome el pisotón a cada rato. --Que pase su tío, el señor Ramiro López... ahora pedimos la presencia de su padrino, el señor Bruno Rivas... y que pase a la pista el padrino del pastel, Santiago Bravo... sí, que se oiga el aplauso de la familia para la quinceañera...Ay, ya me cansé. Creo que han pasado como 10, y lo peor es agarrarle el paso a todos, y escuchar sus felicitaciones de "no, mija, si me acuerdo cuando te cargaba". O sea, hello! Eso fue hace 15 años. "Pero si te has puesto bien linda, cuánto has crecido". A huevo, ¿o qué los años no pasan en vano? Chale. Ahí vienen más. Sonríe, sonríe. --Y ahora, que vayan pasando uno a uno los chambelanes. Pedro López... Juan López... Adrián Martínez...Maldita la hora en que le dije a Adrián que fuera mi chambelán. Hace tiempo quería andar conmigo, pero ¡gua-ca-la! Con esa dentadura y su cara de nerd, obvio no le diría que sí. Sería la burla de toooodas las niñas de la escuela. Aunque es buen tipo él. --Diego Vázquez...Pero mira nada más. Si Diego tiene bonitos ojos. Ya, pues si no se hace nada con Carlos, pues le coqueteó a éste y todo bien. Pero es tímido, hasta le da como que pena bailar conmigo y tomarme de la cintura. ¡Andele, aproveche!--Martín Hernández...Nomás porque lo conozco de toda la vida y porque me hacía falta uno de relleno para el sexteto, pero si no, creo que ni lo invito. Bueno, mi madre lo habría hecho. Además, viéndolo bien, sí sabe bailar. Al rato me aviento una salsita con él, porque se la pasa en los bailes de la colonia y de hecho es como el galán del barrio. Quién lo viera...-- Alejandro Barragán...Este si que es carita. ¡Y también aventado! Sin dudarlo como los otros, ya me apretó juntito a él. Y baila bien hasta eso. No me ha pisado, y... ¡wow, qué ojos! Si no estuviera mi familia, ya le hubiera plantado un beso. Ah jajaja... no, creo que no, mejor nomás le echo el can y ya. --Que suene ese aplauso y, para terminar, que pase Carlos Albarrán. ¿Qué? ¿Carlos? Ay no, ay no, esto debe ser un sueño. Ay, aquí está. Sónríe. Dí algo. No, no digas nada. Ahora sí me siento como princesa. Después de todo no es tan malo. --Te ves muy guapa. Muchas felicidades. ¡Lo dijo! No lo puedo creer. Abrazo, besito en la mejilla. Seguimos bailando. --Disculpa la tardanza, pero no encontraba una camisa. No podía perderme la fiesta de la niña más linda de la secundaria. ¿Te la has pasado bien?Sí, claro. La fiesta ha estado genial. La neta no, todo era gris hasta que llegaste. Chale, ¿por qué no puedo abrir la boca y decírselo? No importa. Este es el mejor baile de mi vida, la mejor fiesta, y el vestido hasta parece de princesa. Al fin, aquí está mi príncipe, con el que bailaré toda la noche hasta perder la zapatilla. Y ni las hermanastras, ni las brujas, nadie me arruinará este momento. Después de todo, el ridículo no es tan malo.
...escrito en diciembre de 05...