02 enero 2006

WePod

Camino a paso rápido. Alguien me espera del otro lado de la ciudad. Para que el trayecto no sea tan tedioso y para no tener que ir escuchando las conversaciones de la gente en el transporte público, que a fin de cuentas ni me interesan, decido ponerme los audífonos de mi iPod y escuchar algo de la amplia selección que traigo: un poco de rock, otro poco de pop, algo de world music y algunas baladitas que nadie imaginaría que escucho....You say you want a revolution... El tráfico en esta ciudad cada vez es más insoportable, pero gracias al equipo de Steve Jobs puedo tener mi propia música con tan sólo un botón y ya no tengo que cargar, como antaño, con un walkman y decenas de casettes; el discman y un portacd's con el top 10 de los álbumes recomendados por Billboard. No. Ahora resulta más sencillo: un aparatito de estos que mínimo puede tener unas 500 canciones o almacenar hasta 60 G de audio y vídeo. Ni siquiera tengo que gastar en discos, porque la música la bajo de internet y ya está. ¡Caray! Pero qué tarde es. Más vale que apresure el paso....Where the streets have no name, where the streets have no name... Parece que no soy la única que prefiere encerrarse en su mundo y escuchar sólo lo que yo quiero oír. Resulta fácil reconocer a los ipoders en la calle: basta con mirar subiendo por su torso hasta llegar a los oídos los blancos audífonos del gadget. Y hasta dicen que dependiendo la capacidad de almacenaje del aparato, puedes darte cuenta del poder adquisitivo del usuario. Por ejemplo, aquél chico parece ser de los que les gusta el jazz, anda bien vestido y seguramente trae uno de 20 G. En cambio, aquel otro se ve medio happy punk y tal vez carga uno de 4 G. Aquí seguramente aplicaría una frase como "dime qué oyes y te diré quién eres"....And I'm free, free fallin'... Portar un iPod nos aisla por un rato del mundo real, elegimos el soundtrack de nuestras vidas al correr, al caminar, al ir de aquí para allá con los audifonos puestos. Nos metemos en burbujas sonoras y cruzamos miradas con los demás, pero no hay palabras. Reconocemos a los semejantes, a los que traen un aparato igual o similar, y se dan ciertas complicidades. Nos da curiosidad saber qué escucha el otro, qué pasa por su mente mientras oye tal o cual canción. A qué hora oye qué tipo de música, si tiene placeres culpables en sus gustos musicales, o si su personalidad musical dista mucho de lo que aparenta ser en la vida diaria.....God knows you're lonely souls... Oh, no. Me falta aún mucho por llegar. Y esto ya no tiene pila. ¡Mierda! Ahora tendré que aguantar las conversaciones que no me interesan, la música que no me gusta a elección del microbusero, los cláxones de los autos en medio del tráfico, las mentadas de madre de los automovilistas, entre otros muchos ruidos que yo no elijo. Ni modo, nadie dijo que la tecnología fuera infalible....It's evolution, baby...

...escrita originalmente en diciembre 05...

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